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LA SÉPTIMA PUERTA

CAPÍTULO III



Nacen de sueños de grandes promesas, de amor, si del bueno, del que nos lo roban si es puro y de verdad. Me lave la cara con agua, vendita frescura que el agua me dio, transparente y pura, reflejo mi cara y hasta mi alma en ella quiso deslumbrar, pero amigo mío, el mal no descansa y espera incansable la forma de entrar...


No diré culpables, ni diré ataduras, ni siquiera el peso, la carga o el miedo, o el simple proceso de los que vienen y van... En el agua pura quise volverme a lavar, y el frío es tan frío, tan oscuro y negro, tan ruin y sutil, que el agua siendo agua, la convirtió en hielo, y el hielo incoloro y duro, un espacio más, me mostró otra forma de romper la calma que el cielo nos da.   Por hoy, de hoy ya está. Sin la recompensa, con agua y con pan, con lo que me restan y lo que me dan.


Hasta luego. De luego.