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LA SÉPTIMA PUERTA

CAPÍTULO III



Para tener en cuenta. Esto es un follón, empiezo a escribir en primera persona, me pierdo en tercera, y desaparezco en un yo que ya no está por qué no aparece. Qué bueno seria  para los coches.


Ni que diez veces te sanase, diez veces dirías casualidad, una sola que te advirtiese mil tropiezos propios  me culparas  y a los demás.


Si yo te contara sabrías contar, si te enseñara a sumar sumarias, si te enseñase a restar restarías.  Yo estuve allí cuando lo viví, lo palpe, lo sufrí y te lo conté, y ahora ni sumas ni restas ni sabes la tabla de multiplicar.


Vaya maestros los de entonces, ya lo sé, esta noche ni la aguja para enhebrar. Ni el pajar donde perder la aguja. Ni siquiera el portal donde puedan pasar,  más si pasa que no sea culpa mía, que cuando estuve, cuando abrí, cuando deje la puerta abierta no quisisteis entrar “Ahora es demasiado tarde princesa” No,  no que esto es de Sabina.


En el fondo, esa es la cuestión, ser o no ser que importa si es cuestión de tiempo, la suma y la resta de los número pares e impares que tengo contados para sumar o restar en tiempos venideros, no seré yo o si quien por mi cuente, yo por los demás que cuenten ellos que ya debería saber sumar. Pero eso será cuando llegue el momento.


¿Qué momento?


Eso, el momento, cuando abras la puerta, cuando te digan ven. “Si tú me dices ven” la cuestión será que te lo digan, que a lo mejor te lleven  forzoso.


Para esto para que me e puesto.


A dios. O me quedo un poquito más, Ahora que no me escucha nadie: Si estáis tan pendientes del interior por qué no traducís el vuestro que ya  sabe lo que he dicho…