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LA SÉPTIMA PUERTA

CAPÍTULO III



En serio que lo viví yo, Deja la puerta cerrada y narra los hechos por que los números sirven para contar números, con pelos y señales. Si viene la angustia del antiguo yo, que hago, de qué va esto, si cuando lo resolví era en otro momento, y en aquel entonces la repuesta era fácil Imagínatelo: lo que menos te duela, lo repito en aquella ocasión me lo dijo y tenía razón lo que menos te duela, y hoy ya tengo la respuesta a lo que me vino bien ayer y me viene bien hoy, las diez mil. Hoy ya no me duelen, maldito dinero, que sea la causa de tanto atropello. Entonces no lo era, cuando hay un problema serio no lo es, por que la vida no importa una mierda y es la propia vida lo que te ata a ella.


Y si no vende tu parcela a un desheredado y veras el precio, el valor en  gramos, o en número o en deseos, que contar es fácil si se sabe de ello y algún que otro yo ha estado buscando en la búsqueda de saber lo cierto.


Me duele la boca, la pierna, las rodillas, los huesos, la garganta el cuello y el cuenta quilómetros, que no me dejan ir a más, no, no es que no puedo, que si cuento algo de lo que no debo, me quitan los puntos y no voy al cielo.


Una noche más, me quedo con la palabra en la boca, que a veces son los actos los que cuentan, y es de caballeros, las damas primero.


LA SEPTIMA PUERTA Fin del tercer capítulo             15 de Septiembre 2006



Ya tenía ganas, días y días esperando esto, ahora es el momento, a cualquier hora cuando nadie lo espera, cuando todos creen lo que les interesa y no lo que va a ser.


No daré pistas a nadie de nada, ni a vivos, ni a listos, ni a los de aquí ni a los de allá ni siquiera a los que ya lo saben.


Este capítulo se acaba hoy ahora en este momento, y conmigo se van todos y cada uno de los acertijos que he resuelto.


Espero que en el próximo capítulo todo cambie y sobre eso actuar. He tomado la decisión de hacerlo así aun a sabiendas que tenía que haber expuesto muchos  temas más.


Uno debe de tomar sus propias decisiones y equivocadas o no, son las que verdaderamente cuentan y mi decisión está tomada.


Añadir como parábola en el versículo final de este capítulo que me perdí en espacios sombríos y tuve que pasar por mazmorras lúgubres  donde los carceleros hacían caso omiso hasta de sí mismos.


A lo lejos, levemente, el sonido de una cacerola contra la pared, o que se yo.  Pregunte con un escalofrió dentro de mi cuerpo y ese sonido: solo me contesto:


(Eso es que aun vive.)


HA, que no escribo más en este capítulo, que me conozco y luego no encuentro el pan que deje  para que coman los míos.